Empresario y dirigente distinguido

En la revista CTCS 84

Posted on junio 26, 2017, 4:55 pm
16 mins

En un mercado sometido constantemente a cambios, supo reconvertirse y adaptarse a cada período, para sostener su empresa en pie. Impulsó y posicionó a la industria informática. De bajo perfil, pero con una marcada participación en la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de Argentina, Carlos Rolandelli se convirtió en un referente y fue reconocido con la “distinción a la trayectoria al empresario y dirigente” en los Premios Sadosky 2016.

Por Laura Ponasso

 

¿Cómo inició su carrera profesional?

Soy contador, graduado en la UBA. Comencé a trabajar con mi padre, pero mis primeros pasos como profesional fueron en la firma internacional hoy conocida como E&Y –era auditor y daba clases sobre la materia en diversas universidades-. Luego, pasé a otra empresa, en la que comencé a acercarme al área llamada en ese entonces “centro de cómputos”. Hasta entonces, las compañías utilizaban computadoras mainframe y recién aparecían las microcomputadoras. Este sector era muy exclusivo y protegido, y el usuario común no tenía acceso a él.

No existía tanta oferta de carreras en materia de sistemas como ahora, pero hice varios cursos específicos. En el inicio de la actividad, muchos de quienes nos dedicamos a ella éramos contadores; basta con observar la trayectoria de los miembros históricos de la Cámara de la Industria Argentina del Software (CESSI) para comprobarlo. Fue así porque las computadoras eran mayormente utilizadas para tareas administrativas y contables.

¿Se volcó al sector por interés o porque percibió su potencial desarrollo?

La explosión del mercado de la informática fue posterior. Realmente, sin despreciar la carrera y la profesión de contador, encontré en este ámbito cierto aspecto más creativo.

A principios de  la década de 1980, tuve la oportunidad de experimentar con las primeras Apple II   y desarrollé una aplicación en una planilla de cálculos llamada ViciCalc, con 64 columnas y 256 filas. Mientras que previamente, para  hacer un cálculo en la computadora, primero debíamos enviar la información al centro de cómputos, las planillas nos permitían actualizar información y realizar cálculos de forma automática. El avance fue fantástico.  Posteriormente, aparecieron Multiplan, Lotus, Quatro Pro y Microsoft Excel y nosotros ya estábamos programando nuestros propios sistemas

Finalmente, decidí independizarme y en 1981 creé junto a mis socios la empresa RYA. Nació como un estudio de contabilidad y sistemas, en el que desarrollamos sistemas contables. Primero para firmas pequeñas y luego, hacia mediados de la década de 1980, cuando comenzamos a trabajar con redes, para compañías de mayor envergadura.

Fuimos creciendo, a pesar de las múltiples crisis que el país atravesó, grandes y pequeñas. Fue un ejercicio de altibajos. El negocio es también muy cambiante: muchas compañías quedaron en el camino y otras aparecieron, fundamentalmente, por iniciativa de los jóvenes.

¿Por qué considera que el negocio evolucionó de esta manera?

Varios factores impactaron. En primer lugar, debemos considerar que la tecnología se renueva constantemente y muchas personas quedan atadas a un producto, a una tecnología o a un lenguaje de programación. Los saltos tecnológicos son muy duros. Así como la tecnología genera amplia demanda de programadores y de recursos, también los expulsa si no se actualizan. Y estos mismos procesos afectan a las empresas: algunas confían en su base de clientes, no se preocupan por renovarse y terminan por desaparecer.

¿Cómo fue su experiencia en RYACO?

Particularmente en RYACO, migramos de sistemas en varias ocasiones y, cada vez que lo hicimos, debimos reconvertir los procesos. Desde hace dos años, estamos trabajando en la migración de nuestros productos y esperamos concluir en los próximos dos. No cualquier firma se arriesga a un ciclo de reconversión y de inversión de cuatros años. Uno de mis hijos, quien está en la cresta de la ola tecnológica, está al mando de la operación.

Actualmente, hay un gran fomento a emprendedores, pero lo difícil de este negocio es mantenerse. No basta con tener una brillante idea. Para trabajar de forma independiente, hay que tener un espíritu especial y afrontar los riesgos y presiones de todo empleador, sobretodo en un sector en el que los sueldos y las cargas sociales absorben el 90% de la facturación.

Otro de los cambios que afrontó el sector estuvo ligado a la globalización: muchas firmas dejaron de desarrollar productos, y pasaron a exportan servicios de programación. En RYACO, ofrecemos un mix.

¿Cuáles fueron las alianzas que marcaron el ritmo de la compañía?

Antes de que las PC IBM llegaran a Argentina, solo se comercializaban  PC,  de la firma Wang. Realizamos una alianza por la cual desarrollábamos el software y, así, “despegamos”. Luego, a principios de la década de 1990, tuvimos un impulso muy grande, de la mano de las privatizaciones, que desarrollaron el mercado informático: estaba todo por hacer.

Nos aliamos con Oracle, que en ese entonces solo se especializaba en bases de datos y necesitaba de partners para ofrecer aplicaciones (hoy, somos gold partners, pero también competidores). Conjuntamente, ganamos un proyecto como proveedores de Telefé, negocio que sostuvimos hasta hace pocos años, cuando fue comprado por el Grupo Telefónica. En los primeros dos años, el canal creció exponencialmente. Desarrollamos todos los sistemas de administración de personal, televisión, publicidad y programación. Esto nos marcó una línea de negocio y desarrollamos también sistemas en Perú y en Chile. También desarrollamos sistemas para Editorial Atlántida y Perfil, lo que nos permitió especializarnos en el mercado de medios, fundamentalmente en publicidad televisiva y gráfica, y también desarrollamos ERP, Recursos Humanos, MRP para el mercado industrial y Punto de Venta para retail, entre otros productos Géminis.

Como parte de nuestra estrategia, no ofrecemos solo productos enlatados y rígidos, sino que nos afianzamos como socios tecnológicos de nuestros clientes, trabajamos con ellos y adaptamos y personalizamos los desarrollos. Esto nos permite crecer. Los clientes ganan un producto desarrollado a su medida y nosotros, la experiencia y el conocimiento para incursionar en ese mercado.

¿Cómo se nutrió de conocimientos en informática?

En este negocio, es fundamental leer y estudiar continuamente y asistir a seminarios. Particularmente, tomé cursos para aprender a programar, capacitarme y experimentar.  Grandes compañías, como Microsoft y Oracle, también me ayudaron en carácter de partner. Con ellas viajé a congresos y a reuniones de socios en varios países, y tuve la oportunidad de acceder tempranamente a Internet y al correo electrónico.

Por otra parte, la Cámara de Empresas de Software y Servicios Informáticos de Argentina ´también me ayudó a mantenerme actualizado; hizo un gran trabajo de difusión y de networking. Somos socios desde hace muchos años y tenemos mucha interacción con colegas y cámaras de diferentes países. Personalmente, viajé mucho por América Latina y España.

¿Por qué considera que le entregaron la distinción a la trayectoria como empresario y dirigente en los Premios Sadosky 2016?

Le mención fue decidida por mis colegas competidores, por lo que fue muy gratificante. Le he dedicado mucho tiempo al sector, y, por momentos, estuve más presente en la Cámara que en la empresa, al igual que muchos de los miembros. Hicimos muchas cosas que salieron bien y que nos apasionaron. Tenemos la satisfacción de haber logrado beneficios para el sector, y sería deseable que las nuevas generaciones lo visualicen y lo continúen. La cámara no es un solo lugar para hacer negocios; la interacción sectorial y el networking nos benefician a todos.

¿Cómo fue el proceso por el que lograron la ley de Promoción de la Industria del Software?

Desde la Comisión Directiva, trabajamos durante muchos años y alcanzamos, como primer paso, la ley N° 25.856 en 2003, que declara que la producción de software es asimilable a una actividad industrial. Y nos atrevimos a ir por más: por la ley de Promoción de la Industria del Software N° 25.922, que obtuvimos en 2004 y logramos renovar en 2014, a través de la ley N° 26.692.

En ese momento, muchas firmas migraban a otros países, por lo que Argentina necesitaba desarrollar ventajas comparativas. La ley nos garantiza ciertos beneficios –como la reducción del impuesto a las ganancias y un reintegro de las cargas sociales-, pero también nos exige requerimientos que ayudaron a profesionalizar la industria. Para calificar, por ejemplo, las empresas debemos certificar los procesos bajo una norma de calidad (ISO 9.001, CMMI), invertir un porcentaje creciente en investigación y desarrollo, y exportar servicios y productos en un porcentaje también creciente. En 2014, cuando renovamos la ley por cinco años, se añadió la prohibición de reducir personal.

Actualmente, algunas autoridades están observando la posible renovación o no del régimen, por lo que estamos trabajando para demostrarles que el beneficio fiscal que el Estado percibe por el crecimiento del sector es mucho más importante que el costo del régimen, y  la necesidad de renovarlo, en tanto la demanda de software es creciente mundialmente. Es uno de los regímenes de promoción más exitosos del país.

¿Cuáles fueron sus aportes como presidente de la Comisión de Recursos Humanos?

La Comisión de Recursos Humanos fue creada por nuestra iniciativa, cuando Carlos Pallotti –actual subsecretario de Servicios Tecnológicos y Productivos en el Ministerio de Producción- era presidente de CESSI.

Percibimos una demanda creciente de profesionales y ciertos problemas en torno a ello, por lo que reunimos a responsables de las áreas de RRHH de todas las empresas. Fue una propuesta muy exitosa, a partir de la cual definimos los perfiles básicos de profesionales que necesitábamos, y establecimos iniciativas de trabajo con universidades y escuelas técnicas, para definir tecnicaturas y carreras de grado.

En tanto el sector es muy dinámico, la Comisión actual potenció el trabajo inicial y redefinió los perfiles en los últimos años. Hoy, se están iniciando capacitaciones inclusive a nivel secundario, porque tenemos un nuevo problema: los jóvenes evitan carreras “duras” y optan por otras como Gastronomía o de la rama de las Ciencias Sociales.

¿Cuáles considera que son las virtudes que un empresario ejemplar debería reunir?

Tiene que ser creativo, emprendedor, tolerante a las variables y a los factores internos y externos, debe estar dispuesto a invertir y debe tener mucha capacidad de adaptación. Las generaciones han cambiado: los Millennials quieren resultados inmediatos, ya que solo les importa el presente; no quieren hacer carrera en una empresa, ni cumplir horarios. Además, es fundamental que tenga confianza y perseverancia, y que se identifique con el país. En nuestro sector, quedan muy pocas empresas nacionales grandes.

¿Qué hay detrás del profesional?

Nací en Temperley, Provincia de Buenos Aires, en 1950, y vivo en Lomas de Zamora. Tengo un hermano, que es médico cirujano y hace 33 años se fue a Estados Unidos, en donde  ahora dirige un hospital. Estoy casado desde hace 41 años. Tengo tres hijos varones -Agustín (40), director de cine; Ignacio (38), licenciado en Sistemas; y Juan Emilio (33), licenciado en Periodismo y estudiante de la carrera para contador público- y dos nietas.

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