2030: ¿Ultima chance de salvar el planeta?

Posted on marzo 13, 2017, 5:27 pm
15 mins

El mundo cambia de manera vertiginosa y se hace sentir en todas las esferas de la sociedad. Nuevos conflictos. Nuevos desafíos. Nuevas preocupaciones. La fuerte demanda social y el compromiso empresarial convergieron en la generación y en la implementación de prácticas sustentables en los ámbitos económico, social, ambiental y ético. En esta entrevista, Luis Ulla, director de I+D del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria, analiza este escenario.

Por Laura Ponasso

 

¿Cómo ve las acciones de RSE y sustentabilidad en Argentina?

Las tendencias que las empresas apuntan a implementar a nivel local están alineadas con las prácticas globales. Eso no es menor. Hay cierta unanimidad entre las grandes corporaciones por fijar 2030 como un año crítico, para desarrollar visiones en materia de sustentabilidad y para plantear estrategias de avance gradual que deben ser aprendidas desde ahora.

Hace unos años, en el IARSE decidimos dejar de utilizar el concepto de RSE -a pesar de nuestro nombre-, para comenzar a hablar de responsabilidad social y sustentabilidad. Aspiramos a superar la confusión que el término RSE creaba, en tanto estaba ligado a la idea de filantropía y al compromiso de las empresas con las comunidades. Hoy, hablamos de una cuádruple creación de valor: económico, social, ambiental y ético.

¿Cuál es el principal eje en la materia?

La sustentabilidad está fuertemente marcada por la dimensión ambiental, cuyos puntos críticos son el cuidado del agua, el suelo, la energía y el aire. Por lo tanto, la principal gran tendencia está basada en la generación y en la utilización de energías limpias y renovables.

La preocupación por la calidad del aire está asociada a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de la sociedad en su conjunto. Mientras que las políticas para el uso y el cuidado de suelo están dirigidas, fundamentalmente, a las empresas que viven de la producción primaria. Finalmente, el acceso a agua potable, limpia y asequible será tan delicado como el suministro de energía, lo que nos plantea la necesidad de trabajar en el corto plazo sobre este punto. Múltiples compañías proyectan sistemas de uso de agua de lluvia y reutilizable. Será un recurso escaso y costoso, y quienes no tengan acceso a él deberán afrontar circunstancias complejas

Cada sector que está avanzando en la materia, además, está haciendo algo muy valioso: comunicarlo. Esto genera efectos interesantes. En primer lugar, conlleva la adhesión a la marca de parte de las generaciones jóvenes, quienes suelen ser conscientes de la problemática. En segundo lugar, provoca una “sana envidia” en las empresas competidoras y las impulsa a seguir ese camino.

La industria de los centros de contacto parte sobre la base de uso energético importante, como consecuencia de las tecnologías que utiliza. En la medida en que las empresas lo hagan de una manera “limpia”, no solo realizarán un aporte muy valioso para evitar el aumento del calentamiento global, sino que ganarán competitividad, a partir de la reducción de costos y de una visión sustentable del negocio a largo plazo.

¿Avala la negativa de algunas empresas a no invertir en prácticas amigables con el medio ambiente, por considerar que son más costosas y que no son rentables a futuro?

Hasta hace unos meses, algunas empresas desestimaban invertir en energías alternativas, por considerar que la convencional era económica. Hoy, esa discusión quedó cerrada. La energía es costosa y escasa en el mundo, y la actualización de tarifas que Argentina está viviendo da cuenta de ello. Las energías limpias y renovables podrían ayudar a reducir costos y quienes las generen en abundancia tendrán también la oportunidad de venderla a otras empresas. De esta forma, se pondría en marcha una cadena de valor muy interesante.

¿Cuáles fueron los principales factores que impulsaron este cambio de perspectiva?

En la reunión de Naciones Unidas realizada en septiembre de 2015, 190 jefes de Estados suscribieron los 17 Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS), que marcan metas concretas para la humanidad para 2030. Los empresarios y los especialistas que estudian la evolución de los problemas acarreados por el calentamiento global coincidieron en que ese será el último año en el que podríamos tomar una decisión válida para cambiar el rumbo.

¿Cómo impactó la ley nacional de energías renovables, aprobada por decreto en abril de este año, en las empresas?

Para muchos líderes empresariales, esta era una noticia deseada y la esperaban para comenzar a captar recursos a nivel global para invertir en la generación de energía. Quienes aún no comprenden esta problemática, deberán replantearse la mirada. Con esta ley, Argentina empieza a ponerse a la par del resto del mundo.

¿Qué otras dimensiones abarca el concepto de sustentabilidad?

En la esfera del medioambiente, estamos también muy preocupados por el cuidado de la bioversidad: entre 1970 y 2001 perdimos casi un 50% de las especies. Pero esto no es todo. El concepto de sustentabilidad está asociado a cuestiones del ámbito social, como la equidad de género, la integración de la diversidad, y el equilibrio la vida laboral y personal. Además, las empresas están demostrando un compromiso activo con las comunidades en las que operan.

Múltiples entidades están planteando cupos femeninos obligatorios, incluso en puestos directivos, con el objetivo de que puedan acceder a los mismos derechos que los varones en términos laborales. Esto supone el reconocimiento y la retribución de planes de carrera, fenómenos que se irán profundizando. Hoy, las universidades albergan más estudiantes mujeres que varones en numerosas carreras, lo que planteará un escenario diferente, alineado también al hecho de que el mundo comenzó a aceptar la diversidad -religiosa, racial, sexual y de pensamiento político-.

En otro plano, vemos el interés de las organizaciones por mejorar la calidad de vida de los colaboradores y por hacer compatible vida laboral y la personal. Algunas ofrecen horarios flexibles de entrada y de salida, de manera que las personas puedan satisfacer sus necesidades, sin que estas compitan con su rendimiento dentro de la empresa. Esto ha revelado excelentes resultados. Por otra parte, están haciendo foco en los pedidos de licencia, no solo para las madres -muchas las han duplicado- sino para los padres, para así promover la paternidad responsable.

Percibimos cierto compromiso en la sociedad por construir un mundo más equitativo. Estas tendencias están evolucionando de una manera interesante en Argentina, con algunas empresas marcando un liderazgo que irán contagiando, y quienes seguirán ampliando las iniciativas.

¿Cuáles son las empresas que marcan el liderazgo?

Muchas empresas internacionales lo hacen, pero también, latinas. Un caso concreto es Arcor, que ha llevado modelos de negocio inclusivos a los sistemas de gestión de desempeño de sus analistas de compras, por ejemplo. En el sector de contact centers, la incorporación de personas con discapacidad genera un marco de oportunidad inmenso para crear valor.

¿Qué impulsó a las empresas a implementar este tipo de prácticas, más allá de la demanda social?

Creo que hay muchas variables que juegan en esos procesos. Sin duda, la demanda explicita de las comunidades influyó, pero también destaco el liderazgo empresarial. Hay empresas que tienen esta visión de sustentabilidad muy clara y se animan a liderar los procesos.

Hoy, todos los empresarios están mirando la necesidad de ser sustentables a mediano y a largo plazo. Están pensando en sus hijos y en sus nietos, pero también en sus clientes y trabajadores. Es un escenario muy rico en términos de cambio y quienes lo sepan interpretar estarán preparados para aprovecharlo. No hay posibilidades de que sigamos produciendo y consumiendo de la manera en que lo hacemos.

¿Qué lugar ocupa el factor económico?

La sustentabilidad tiene también una dimensión económica, que tiene que ver con cómo las empresas sostienen tasas razonables de rentabilidad y de crecimiento, sin perder la capacidad de innovación. Estamos en un mundo que cambia de una manera fantástica, y esto presenta tanto oportunidades como riesgos para quienes no logren interpretarlos.

En este escenario, encontramos también otro punto crítico: las posibilidades laborales para los jóvenes. De acuerdo con el informe “Out of School and Out of Work: Risk and Opportunities for Latin America’s Ninis” del Banco Mundial (2016), más del 20% de los jóvenes de entre 15-24 años en América Latina ni estudian ni trabajan. Debemos repensar el sistema, para que las nuevas generaciones puedan acceder al mundo productivo y de consumo, ya que, probablemente, la velocidad y la forma en que estamos llevando adelante el crecimiento y desarrollo económico no está dando una respuesta adecuada a esta problemática.

¿A qué se debe la exclusión de los jóvenes?

Hay al menos dos grandes escenarios. En el ámbito de la pobreza, los jóvenes no tienen oportunidades para formarse y para ingresar de manera productiva al mundo laboral. Sin embargo, en el escenario promedio mundial, vemos que aun aquellos que están formados no tienen posibilidad de ingresar. Creo que nadie sabe con certeza cómo será la economía 2.0, pero estamos convencidos que solo será viable si “estamos todos dentro de ella”. Persona que no produzca será persona que no consuma. Hay un gran debate en la economía y en la política sobre cómo llevar adelante acciones concretas orientadas a resolver esta demanda.

De la mano de estos puntos, nos topamos con el cuarto pilar de la sustentabilidad: la ética. Si no adoptan valores claros, difícilmente las empresas continúen creando valor para sí mismas y para la sociedad. Estamos afrontando escándalos de corrupción asombrosos, no solo en el país sino a escala global. Estamos yendo hacia un mundo que quiere más transparencia. Las empresas que puedan generar ese valor y transmitirlo con nitidez y claridad serán reconocidas como actores valiosos del desarrollo sustentable.

¿Qué opina respecto del debate sobre comunicar o no las acciones?

Hay una expectativa muy grande sobre una conducta responsable de las empresas. En la medida en que la alcancen, no tiene sentido que no la comuniquen. De esta forma, no solo evidencian su aporte, sino que demuestran a otras que es posible y las inspira. El riesgo es comunicar aquello que no se hace o sin tener pleno conocimiento de la acción. Hay una regla muy simple que dice: “Saber hacer, hacer y hacer saber”.

Muchas empresas tendrían que bajar la guardia y dejar de ver estos temas como un homenaje, para concebirlos como una oportunidad para innovar y liderar. Las compañías del sector de centros de contacto están fuertemente ligadas al cambio tecnológico. ¿Por qué no al cambio social, ambiental y ético?

Instituto de Responsabilidad Social y Empresaria

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Summary: Es una organización privada, sin fines de lucro, que trabaja con la misión de promover y difundir el concepto y la práctica de la Responsabilidad Social Empresaria, para impulsar el desarrollo sustentable de Argentina. Fue fundado en 2002, con sede en la ciudad de Córdoba y hoy cuenta con más de 125 empresas socias. Para más información: www.iarse.org

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