¿La palabra o el acto justo?

Posted on octubre 05, 2022, 3:38 pm
6 mins

Uno de los principales desafíos que los líderes deben enfrentar radica en lograr que los colaboradores estén dispuestos a entregar su máximo potencial. ¿De qué factores depende? ¿Qué acciones pueden desplegar a fin de fidelizarlos? ¿Por qué la palabra justa es un recurso clave?

Por Lucas Palazzo, director de Desarrollo de Nuevos Negocios en iFlow.


Se suele argumentar que, actualmente, existe una tendencia a que los jóvenes carezcan de compromiso. Se señala que no lo tienen ni con la tarea o posición que cumplen, ni con su jefe, ni con la empresa para la que trabajan. Sin embargo, sí están comprometidos con su propio desarrollo, y ven a las organizaciones como un lugar donde escalar y llegar a su objetivo.

Tal es así que según un informe de Cia de Talentos, para el 74% de los jóvenes encuestados una tarea cobra significado si se encuentra vinculada a sus conocimientos e intereses. En tanto, de acuerdo con el relevamiento, para un 71%, tener un trabajo reconocido por sus líderes es altamente apreciado.

Asimismo, se desglosa que para el 62% es importante contar con un espacio para sus ideas y proyectos, en la medida en que les otorga mayores niveles de autonomía. En este sentido, el rol del líder en la generación de un ámbito propicio para el desarrollo profesional es una herramienta de atracción y de fidelización muy poderosa.

En la actualidad, es necesario que el líder tenga flexibilidad para entender las problemáticas y las motivaciones de cada persona. Cada generación y cada individuo en particular tiene móviles distintos. Y en ese sentido, conocer a cada persona más allá de lo laboral es un buen primer acercamiento al tipo ideal. Esto se traduce en entender cómo está compuesta su familia, qué hace en su tiempo libre, qué lo motiva, y cuál es la razón por la que va a trabajar todos los días, entre otras cosas.

Particularmente los millennials representan un desafío para cualquier líder. Conforman una generación que necesita estar constantemente motivada y desafiada, pero que al mismo tiempo tiene una tolerancia a la frustración menor respecto de los mayores. El punto el encontrar en esta ecuación cómo dar un feedback que sea motivador y no sea interpretado como una presión extra que lleve a la frustración.

Algunos tips:

1) Generar un clima de calidez, ser claro, preciso y dar ejemplos concretos. Armar un plan de cómo mejorar y finalmente pactar instancias de seguimiento es un buen camino. En esa línea, es fundamental ponerse a disposición de la persona para lo que necesite y mostrar empatía. Es clave mostrar los avances en las reuniones de seguimiento.

2) Toda empresa debe contar con procesos claros y realizables. Ya consolidada una base sólida, atacar los problemas se torna mucho más simple. Es fundamental poner el foco en cualquier problemática, en lugar de apuntar hacia las personas. Como líderes, tenemos la obligación de enseñar a los equipos a trabajar de la mejor manera: si hay un problema, el mismo no le pertenece a nadie en particular, sino a todo el grupo.

3) Otro de los factores de éxito a la hora de trabajar con millennials recae en la gestión de los espacios. Es importante ofrecer ámbitos en los que se puedan destacar y ganen visibilidad dentro de la organización. También es clave ser accesible y promover climas distendidos. Acciones simples y concretas, como cerrar la computadora, dejar el celular a un lado, estar atento y generar un clima de confianza marcan la diferencia.

La cultura del ejemplo

Para Carolyn Taylor, psicóloga y autora del libro “La cultura del ejemplo”, “la cultura es lo que las personas crean a partir de los mensajes recibidos acerca de cómo se espera que se comporten”. A su vez, para múltiples sociólogos, los hábitos colectivos son los comportamientos repetidos y generalizados: aquello que las personas hacen refleja lo que realmente valoran.

En ese sentido, es imperioso que la alta dirección lidere con el ejemplo. Nosotros somos quienes debemos plantear a la organización qué tipo de cultura queremos y qué hábitos queremos que se transformen en buenas prácticas. La coherencia entre el decir y el hacer, o el “walk the talk”, algo tan poco frecuente por estas latitudes, es lo que genera cultura y que hasta incluso trasciende a la palabra justa y es la principal herramienta de liderazgo.

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